Sentada en el proche se preguntaba que debía hacer.
Ya había sido suficiente, sin embargo, algo la impedía parar. Se había convertido en una rutina, en un hábito, y ya no podía dejarlo.
¿Qué debía hacer? ¿Cómo lograría desengancharse de aquello?
Lo había intentado un par de días, y el resultado fue bastante desolador. Sólo había servido para darse cuenta de que era una conexión especial aquella que las unía.
De repente despertó de sus meditaciones al escuchar una melodía. El teléfono móvil sonaba a unos pasos de ella.
Se levantó, y como si nada hubiera cambiado, interpretó de nuevo su papel.
Pero esta vez se prometió que sería la última vez.
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