domingo, 14 de octubre de 2012

fuego

Y sin saber muy bien por qué se encontró un domingo frente a la chimenea. Esa que dejó de encenderse hace mucho tiempo y que quizá sólo vuelva a ver la luz cuando decida escaparse de nuevo. Sentada frente a ella, piensa. Puede que quiera que el calor la llene los huecos que faltan. O que desaparezcan las cosas que estorban. Se dedica a mirar las llamas , como si en ellas encontrara la respuesta. De pronto, se inclina. Y empieza a arrojar palos a la chimenea, uno por cada sueño roto.

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